Le tengo temor a comenzar esta carta. No sé si será como la que querrías leer o la que quiero escribir o la que quiero que recuerdes. Escribir me da pánico, me enferma, me hace explicar cosas que ni sabía que podían existir. Si me siento en este escritorio y con mi mano, ya sin fuerzas, empuño la pluma es para contarte todo lo que ahogué en ese vaso de vino que trajiste a casa la última tarde que pasamos juntos. Qué linda que estás hoy, dijiste, y eso bastó por completo para que se prolongara el silencio interrumpido ocasionalmente con gemidos de tu placer. Con una cruel expresión de rencor, tendiste hacia mí, como de costumbre, tus manos llenas de mi ropa y me obligaste a vestirme. Casi apropósito, me ví en el espejo de tu cuarto y supe que esa era la última tarde, nuestra última tarde. ¡Ay, querido! Enseguida me di cuenta de que soy una tonta que escribe a mano y que habiendo tantas chicas lindas que no se preocupan por cómo escribir correctamente una carta de despedida o que no escriben cuando están tristes, eso sólo me vuelve más tonta.
Querido, no sé por qué te escribo. Tenes que saber disculpar a esta pobre tonta, que actúa sin medir sin pensar sin saber que a vos nada de lo que a mí me pase te importa. Te juro que no fue mi intención mentirte cuando te juré que no iba a marcar tu número otra vez, que no te iba a buscar más, que era la última vez que nos veíamos y que nos perdíamos en los placeres de ese vino ciego incapaz de juzgar. Pero no puedo, ay, no puedo saber que voy a mirar otros ojos que no serán tuyos, que voy a tocar otra piel distinta, que voy a temblar bajo unos pies que no son los tuyos.
Mi cuerpo ya es una casa frívola, de cristal, transparente. Ya no queda nada plausible ahora que no te importo. Para vos soy cualquier mujer que te cruzas en la plaza a la salida del trabajo o que mirás de reojo mientras esperas para cruzar la calle. Estás, pero no para mí. Y, mi amor, estoy cansada del engaño. Quiero purgar todo lo que adentro mío tiene un significado anexo a vos. Y es tan difícil, amor, tan difícil. Sobretodo cuando una tiene que hacer el trabajo de dos.
Pero no te voy a cansar con más cartas, ni más prosa

0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada