miércoles, 22 de junio de 2011

Por qué la literatura y la política van de la mano

Es imposible establecer una separación entre la literatura y la política, debido a que el escritor tiene una responsabilidad social con la cual debe cumplir. La política está presente constantemente en los escritores y, por ende, en la literatura. Es imposible pretender que se extirpe de raíz todo lo que tenga origen político en la obra de un escritor.

Muchos podrán decir que perfectamente se puede desvincular el campo literario del campo político, que no separarlos sería retroceder terriblemente en términos históricos, dado que a la literatura le llevó mucho tiempo lograr autonomía. En mi opinión, sería ingenuo creer que la literatura no está, por naturaleza, estrechamente ligada a la política. Estos dos campos coexisten en una relación de interdependencia. El escritor, a través de la literatura, tiene la capacidad –y hasta la obligación– de denunciar hechos sociales y políticos que lo preocupen a él y a la sociedad. Es decir, él debe representar las inquietudes que comparte con el pueblo. A mi entender, que el escritor adhiera lo político a su obra no es sino otra forma de comprometerse con una realidad. La literatura es de la misma naturaleza que la política: ambas debaten la estructura preestablecida y están sujetas a la capacidad de invención humana.

Por otro lado, se puede observar en otros aspectos la influencia de la política sobre la literatura. Un claro ejemplo es el del negocio de las editoriales: los intereses económicos y políticos son los que se proyectan sobre la literatura, es una relación política que influye considerablemente en la obras. Lo podemos ver reflejado en el hecho de que la gran mayoría de los libros de la actualidad están dentro de un mercado y, por lo tanto, los autores buscan crear temas que contenten a la sociedad: lo que sólo buscan es vender (ni hablemos de Claudio María Dominguez y los de su calaña). Vivimos en un mundo con un modelo económico capitalista y su influencia se nota en todo, hasta en lo que respecta a estas cuestiones. Por más que no esté de acuerdo con esto, no creo que se pueda hacer nada al respecto para modificarlo.

La literatura no es algo que escapa a la realidad, algo que está más allá de lo que sucede en el mundo cotidiano, sino que es algo que surge a partir de ella. Es decir, la política y el arte no deberían ser dos campos que se oponen, por el contrario, deben entenderse como dos campos que dialogan recíprocamente. Deseo aclarar que cuando afirmo que la literatura y la política están unidas inexorablemente, a lo que hago alusión es a que directa o indirectamente el autor lleva a cabo su obra bajo su subjetividad política. Con esto quiero decir que hay una postura política, aunque no sea claramente ostensible; en una palabra, hay una ideología.

Otro punto importante que se debe señalar, es que si bien la relación entre literatura y política es inseparable, se tiene que remarcar la diferencia entre un literato y una eminencia de la política. Por más que su mensaje sí sea político, al fin y al cabo, ser un excelente escritor de literatura no lo acredita a ser un “excelente” político. Como bien dijo Grüner, es muy posible que un escritor sea increíblemente “progre”, de izquierda, políticamente “revolucionario”, y al mismo tiempo sea mediocre en su obra literaria.

Sintetizando, el papel que desarrollan los escritores siempre estará atravesado, conciente o inconcientemente, por la política. Los vestigios de la misma pueden ser más o menos visibles, pero allí estarán, nos guste o no.


(cosas que una escribe sin la verdadera intención de hacerlo)

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