-No sé -dijo la Maga-. Yo pienso a veces en matarme pero veo que no lo voy a hacer. No creas que es solamente por Rocamadour, antes de él era lo mismo. La idea de matarme me hace siempre bien. Pero vos, que no lo pensás... ¿Por qué decís: peligros metafísicos? También hay ríos metafísicos, Horacio. Vos te vas a tirar a uno de esos ríos.
-A lo mejor -dijo Oliveira- eso es el Tao.
-A mi me pareció que yo podía protegerte. No digas nada. En seguida me di cuenta de que no me necesitabas. Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas.
-Precioso, lo que decís.
-Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata, pero ya ves, en el fondo no nos encontrábamos. Me di cuenta en seguida, Horario, pero las sonatas eran tan hermosas.
viernes, 18 de diciembre de 2009
sábado, 12 de diciembre de 2009
jueves, 3 de diciembre de 2009
La anunciación
"[...] ya no me cuestionaba qué es más importante, si escribir o vivir. Ese día las ganas de hacer el amor me atormentaron como nunca. Era como esas luces que se intensifican, antes de extinguirse del todo. Las predicciones de mi madre se están cumpliendo, pensé. Sus palabras en mi cuerpo como un tatuaje obsceno. Estuve a punto de llamar a su casa para felicitarla. No es fácil convencer a un cuerpo de quedarse a solas, con el deseo insatisfecho. Nunca, como ese día, me invadió tanto la sensación de fracaso. Mi abandono era entero, infinito, plausible: del otro lado de mí misma, no había nadie. Mi madre se había salido con la suya y yo perdida en Roma, como una autómata, haciendo el inventario de las ruinas..."
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