"[...] ya no me cuestionaba qué es más importante, si escribir o vivir. Ese día las ganas de hacer el amor me atormentaron como nunca. Era como esas luces que se intensifican, antes de extinguirse del todo. Las predicciones de mi madre se están cumpliendo, pensé. Sus palabras en mi cuerpo como un tatuaje obsceno. Estuve a punto de llamar a su casa para felicitarla. No es fácil convencer a un cuerpo de quedarse a solas, con el deseo insatisfecho. Nunca, como ese día, me invadió tanto la sensación de fracaso. Mi abandono era entero, infinito, plausible: del otro lado de mí misma, no había nadie. Mi madre se había salido con la suya y yo perdida en Roma, como una autómata, haciendo el inventario de las ruinas..."
Si pudiera elegir un lugar donde perderme, sería Roma...
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