-No sé -dijo la Maga-. Yo pienso a veces en matarme pero veo que no lo voy a hacer. No creas que es solamente por Rocamadour, antes de él era lo mismo. La idea de matarme me hace siempre bien. Pero vos, que no lo pensás... ¿Por qué decís: peligros metafísicos? También hay ríos metafísicos, Horacio. Vos te vas a tirar a uno de esos ríos.
-A lo mejor -dijo Oliveira- eso es el Tao.
-A mi me pareció que yo podía protegerte. No digas nada. En seguida me di cuenta de que no me necesitabas. Hacíamos el amor como dos músicos que se juntan para tocar sonatas.
-Precioso, lo que decís.
-Era así, el piano iba por su lado y el violín por el suyo y de eso salía la sonata, pero ya ves, en el fondo no nos encontrábamos. Me di cuenta en seguida, Horario, pero las sonatas eran tan hermosas.
acabo de encontrar un lugar muy bueno
ResponderSuprimirme combino en la fantasia deliciosa de dos cronopios y alguien que me dice que acá cerca se juega al rayuela y cantamos Spinetta
A Juan Pablo le gusta esto (Y)
ResponderSuprimirjaja re facebook
http://cuandonoestamos.blogspot.com
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me parece que comenté 2 veces no se que onda