jueves 1 de marzo de 2012
sincericidio poético
sábado 10 de diciembre de 2011
the flesh covers the bone
and they put a mind
in there and
sometimes a soul,
and the women break
vases against the walls
and the men drink too
much
and nobody finds the
one
but keep
looking
crawling in and out
of beds.
flesh covers
the bone and the
flesh searches
for more than
flesh.
there's no chance
at all:
we are all trapped
by a singular
fate.
nobody ever finds
the one.
the city dumps fill
the junkyards fill
the madhouses fill
the hospitals fill
the graveyards fill
nothing else
fills.
jueves 3 de noviembre de 2011
Le tengo temor a comenzar esta carta. No sé si será como la que querrías leer o la que quiero escribir o la que quiero que recuerdes. Escribir me da pánico, me enferma, me hace explicar cosas que ni sabía que podían existir. Si me siento en este escritorio y con mi mano, ya sin fuerzas, empuño la pluma es para contarte todo lo que ahogué en ese vaso de vino que trajiste a casa la última tarde que pasamos juntos. Qué linda que estás hoy, dijiste, y eso bastó por completo para que se prolongara el silencio interrumpido ocasionalmente con gemidos de tu placer. Con una cruel expresión de rencor, tendiste hacia mí, como de costumbre, tus manos llenas de mi ropa y me obligaste a vestirme. Casi apropósito, me ví en el espejo de tu cuarto y supe que esa era la última tarde, nuestra última tarde. ¡Ay, querido! Enseguida me di cuenta de que soy una tonta que escribe a mano y que habiendo tantas chicas lindas que no se preocupan por cómo escribir correctamente una carta de despedida o que no escriben cuando están tristes, eso sólo me vuelve más tonta.
Querido, no sé por qué te escribo. Tenes que saber disculpar a esta pobre tonta, que actúa sin medir sin pensar sin saber que a vos nada de lo que a mí me pase te importa. Te juro que no fue mi intención mentirte cuando te juré que no iba a marcar tu número otra vez, que no te iba a buscar más, que era la última vez que nos veíamos y que nos perdíamos en los placeres de ese vino ciego incapaz de juzgar. Pero no puedo, ay, no puedo saber que voy a mirar otros ojos que no serán tuyos, que voy a tocar otra piel distinta, que voy a temblar bajo unos pies que no son los tuyos.
Mi cuerpo ya es una casa frívola, de cristal, transparente. Ya no queda nada plausible ahora que no te importo. Para vos soy cualquier mujer que te cruzas en la plaza a la salida del trabajo o que mirás de reojo mientras esperas para cruzar la calle. Estás, pero no para mí. Y, mi amor, estoy cansada del engaño. Quiero purgar todo lo que adentro mío tiene un significado anexo a vos. Y es tan difícil, amor, tan difícil. Sobretodo cuando una tiene que hacer el trabajo de dos.
Pero no te voy a cansar con más cartas, ni más prosa
domingo 4 de septiembre de 2011
noches de Pizarnik e insomnio-
Vida, mi vida, déjate caer, déjate doler, mi vida, déjate enlazar de fuego, de silencio ingenuo, de piedras verdes en la casa de la noche, déjate caer y doler, mi vida.
domingo 3 de julio de 2011
(de fragmentos II)
miércoles 22 de junio de 2011
Por qué la literatura y la política van de la mano
Es imposible establecer una separación entre la literatura y la política, debido a que el escritor tiene una responsabilidad social con la cual debe cumplir. La política está presente constantemente en los escritores y, por ende, en la literatura. Es imposible pretender que se extirpe de raíz todo lo que tenga origen político en la obra de un escritor.
Muchos podrán decir que perfectamente se puede desvincular el campo literario del campo político, que no separarlos sería retroceder terriblemente en términos históricos, dado que a la literatura le llevó mucho tiempo lograr autonomía. En mi opinión, sería ingenuo creer que la literatura no está, por naturaleza, estrechamente ligada a la política. Estos dos campos coexisten en una relación de interdependencia. El escritor, a través de la literatura, tiene la capacidad –y hasta la obligación– de denunciar hechos sociales y políticos que lo preocupen a él y a la sociedad. Es decir, él debe representar las inquietudes que comparte con el pueblo. A mi entender, que el escritor adhiera lo político a su obra no es sino otra forma de comprometerse con una realidad. La literatura es de la misma naturaleza que la política: ambas debaten la estructura preestablecida y están sujetas a la capacidad de invención humana.
Por otro lado, se puede observar en otros aspectos la influencia de la política sobre la literatura. Un claro ejemplo es el del negocio de las editoriales: los intereses económicos y políticos son los que se proyectan sobre la literatura, es una relación política que influye considerablemente en la obras. Lo podemos ver reflejado en el hecho de que la gran mayoría de los libros de la actualidad están dentro de un mercado y, por lo tanto, los autores buscan crear temas que contenten a la sociedad: lo que sólo buscan es vender (ni hablemos de Claudio María Dominguez y los de su calaña). Vivimos en un mundo con un modelo económico capitalista y su influencia se nota en todo, hasta en lo que respecta a estas cuestiones. Por más que no esté de acuerdo con esto, no creo que se pueda hacer nada al respecto para modificarlo.
La literatura no es algo que escapa a la realidad, algo que está más allá de lo que sucede en el mundo cotidiano, sino que es algo que surge a partir de ella. Es decir, la política y el arte no deberían ser dos campos que se oponen, por el contrario, deben entenderse como dos campos que dialogan recíprocamente. Deseo aclarar que cuando afirmo que la literatura y la política están unidas inexorablemente, a lo que hago alusión es a que directa o indirectamente el autor lleva a cabo su obra bajo su subjetividad política. Con esto quiero decir que hay una postura política, aunque no sea claramente ostensible; en una palabra, hay una ideología.
Otro punto importante que se debe señalar, es que si bien la relación entre literatura y política es inseparable, se tiene que remarcar la diferencia entre un literato y una eminencia de la política. Por más que su mensaje sí sea político, al fin y al cabo, ser un excelente escritor de literatura no lo acredita a ser un “excelente” político. Como bien dijo Grüner, es muy posible que un escritor sea increíblemente “progre”, de izquierda, políticamente “revolucionario”, y al mismo tiempo sea mediocre en su obra literaria.
Sintetizando, el papel que desarrollan los escritores siempre estará atravesado, conciente o inconcientemente, por la política. Los vestigios de la misma pueden ser más o menos visibles, pero allí estarán, nos guste o no.
(cosas que una escribe sin la verdadera intención de hacerlo)




