sábado, 10 de junio de 2017

¿cómo hacía para leer poesía cuando no se me había roto mil veces el alma?


Algunas veces simplemente me pregunto si tengo remedio. No sé si la gente normal se plantea estas preguntas. 
Yo 
sobrevivo 
mi 
personalidad.
Lo que extraño de vos son cosas muy puntuales, tanto que las puedo nombrar de memoria.
Extraño tus manos masculinas y grandes y uñas prolijas y contarte las pecas cuando nos despertábamos y tenías el torso desnudo. Tus pecas, en especial las de los brazos y las que tenés en los muslos, tus muslos blanquísimos, porque ahí contrastan más y entonces parecen un montón de pequeñas migas marrones que bailan cuando te movés.
Extraño tu paciencia. Tus ojos felices cuando yo no me iba, cuando decidía quedarme con vos.
Extraño esa tortilla que hacías, la receta heredada de tu abuela. Llevaba cinco huevos y un kilo de papa, me acuerdo. Extraño cuando religiosamente pactamos como nuestro el ritual de poner Sigur Ros antes de hacer el amor y antes de dormir también.
Extraño cómo la forma de tu cuerpo encajaba perfecto en la forma de mi cuerpo cuando nos abrazábamos. Me acuerdo cuando me dijiste que para vos también era raro abrazar a otra mujer, y yo creo que fue porque estábamos acostumbrados a nuestras dimensiones.
Extraño agarrarme de tu cintura en la moto en verano y que me digas que ponga las manos más arriba porque te morís de calor.
Tus ojos llenos de amor. Tus ojos llenos de tristeza. Tus ojos buscando consuelo.

Si eso no fue amor, creo que nunca voy a llegar a saber qué es.

jueves, 9 de junio de 2016

Son las 23.50 p.m. y estoy escribiendo esto desde el trabajo.
Puedo escuchar la aspiradora de los chicos de limpieza que vienen a la medianoche a sacar todas las inmundicias, pulgas y demás porquerías que hay en la alfombra.
Todos mis otros compañeros se fueron a las 23 y quedé sola en el pasillo. Durante los últimos 15 minutos estuve pensando en vos. Pero pensando en específicamente algo: en cómo es sentirse vos. O mejor dicho, en cómo te sentirías si supieras pequeñeces que ignorás.
Por ejemplo, que muchas cosas de las que escribí cuando estaba triste no eran para vos. En realidad, casi nunca escribí por o para vos. Tu existencia en mi escritura es casi nula.
Creo que si te contara todo lo que no sabés de mí, pensarías que soy un monstruo. Quizás, lo sea.


Quizás, ya lo pienses.

domingo, 8 de mayo de 2016

últimamente
el domingo a la noche es el día que peor lo paso

mejor dicho: el momento de la semana en que peor lo paso
porque es sólo 
por la noche

no sé bien por qué es
aunque
creo que puede ser porque
estoy sola
en esta cama que me rompe la espalda
o porque estoy sola
a secas
y ya.

me acuesto y espero sentir un brazo
que me cruce la espalda,
que me agarre una teta,
un brazo
que me de calor

igual, no sé bien por qué es
pero me siento realmente fatal

me dan ganas de escribir, leer, ver una película
pero me quedo tirada en esta feta de jamón
que tengo por colchón
sin hacer nada.

como mucho,
le escribo a personas que es obvio
que duermen
felices en sus sueños

y yo acá ando
cada vez con más miedo de dormirme
porque en mis sueños las pesadillas me atrapan
y si no sueño con aviones o con mascotas que se mueren
aparecés vos

y la peor parte no es la ficción de los sueños.
sería tan fácil si fuera como
las personas normales que sueñan cosas
que no están, que te despertás y decís:
che, lo que soñaste,
mirá que no es real

pero yo sueño con vos
y la realidad es mi pesadilla

es
la
realidad
lo que me pesa.

el resto de la semana
tengo un don:
la bendición de no tener tiempo.

martes, 4 de noviembre de 2014

Un mensaje de texto con un poema de Rilke
que dice: 

"¿cómo sujetar mi alma para
que no roce la tuya?
¿Cómo debo elevarla
hasta las otras cosas, sobre ti?
Quisiera cobijarla bajo cualquier objeto perdido,
en un rincón extraño y mudo
donde tu estremecimiento no pudiese esparcirse"

otra anotación semi dormida

Soñé que te morías.
No había ninguna explicación acerca de tu muerte. Simplemente vos ya no estabas más y eso a mi me dolía de una manera terrible. 
Después me desperté y recordé que, al fin y al cabo, muy diferente a la realidad no era. 
Ignorar es matar sin ensuciarse las manos.